EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.14
Al ver a los luchadores
de sumô, Carl no podía evitar observar como en aquellos pechos sobresalían
senos deformados. Bailaban las tetillas sobre acantilados de grasa cutánea.
Algunos luchadores no podían unir sus codos frente a sus tórax, sus pechos
estaban cubiertos por unos senos repletos de tejido adiposo, desarrollando
malformaciones y caprichos de una naturaleza obesa. A Carl no le gustaba el sumô,
era un deporte de personas que jadean, empujan y levantan las piernas sin
sentido, todo lo anterior como si fueran ritos antes de defecar. A Carl definitivamente no le apetecía el sumô, pero una vez al año, en el mes de
marzo, los luchadores iban al Gymnasium de Osaka, muy cerca de donde vivía Carl. Algunos conocidos lo sabían e
insistían en ir a ver sumô, para
luego continuar en su apartamento la velada entre conversaciones y cervezas. Carl aceptaba sus condiciones porque
necesitaba amigos, era su primer año en Japón y todo era muy extraño, así que
su segundo año se fue a vivir a Kioto, debido al cambio de tutor, del tema doctoral, de hábitos.
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