EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NEDIE LEE) 1.13
Fernando iba una vez a la semana
al consultorio de María José. Ella le
hablaba para darle ánimo, para que no sintiera las agujas en sus encías, para
entrar en la pulpa de los molares y buscar conformarlos de nuevo con amalgama
blanca. Semana tras semana María José
trabajaba esa boca, viendo sus labios que de pronto deseaba lamer, así como a
sus ojos cerrados, similares a un cuento oriental. Ella buscaba las maneras de
pasear sus senos sobre su cabeza y sentía que él percibía algo, sentía cómo sus
senos se deslizaban y cómo sus pezones se encaminaban a una dureza cruel. Al
final de la consulta, María José
tenía que ir al baño, tocarse, tratar de contenerse, a veces conocía una nueva
historia de Fernando que la exitaba
más allá de su condición de pureza.
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