EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.7
El milagro que esperaba
era que sus senos crecieran, tenía un cuerpo perfecto, pero Jacqueline sabía que sus tetas apenas
representaban unas pequeñas elevaciones en medio de su lechoso pecho, similar a
unos médanos de azúcar sobre un desierto de papel. En su adolescencia vivió con
incertidumbre las metamorfosis de sus pechos, su amiga Esther trató de tranquilizarla, le dijo que si se pasaba por sus
senos agua bendita en estado de gracia de la Catedral del Mar, crecerían. Ella
al principio no lo creyó pero su amiga la entusiasmó y prometió ayudarla
colocándole el agua bendita y dándole masajes preecisos. Con el tiempo sus
senos siguieron siendo unos promontorios menores de su cuerpo, lentamente se
acostumbró a las caricias de palmas femeninas para acceder a una nirvana que comenzaba con un sincero
orgasmo. Así una tarde de agosto, Jacqueline
decidió su sexualidad, dejaría su casa en la calle Marina número 343 de
Barcelona y viajaría a Japón con los recursos que un padre generoso le donaba,
con la amable excusa de que aprendiera algo, cualquier cosa; su padre mientras
tanto pensó en acompañarla al aeropuerto para decirle algo importante.
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