EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.16
Realmente Rosa Alejandra había conocido a Fernando de una manera posmoderna, a través de un examante que la había invitado a la inauguración de un edificio
donde Fernando había participado en
el equipo de arquitectos que lo rediseñó. Si bien Rosa Alejandra vivía con intensidad cada encuentro, con Fernando ocurrió un velamiento
fotográfico. Muchas personas podían describir a Rosa Alejandra como una devoradora de hombres, una mujer con piel
tostada por el sol, con un cuerpo que no dejaba nada a la imaginación porque dentro
de su perfección exhibía todo lo que estaba permitido. Fue ella quien se acercó
a Fernando, éste en algún momento le
comentó que se iba a Japón, pero antes tenía que hacerse un chequeo dental.
Ella se ofreció no sólo como su odontóloga sino que incursionó su boca con su
lengua esa noche, entre copas de vino blanco. Al amanecer, poseían la
conciencia de no haber hecho nada sexual, sólo se acostaron ebrios, entre besos
y comentarios absurdos, en medio de una habitación que está en medio de una
calle llena de hoteles que a su vez está en medio de la ciudad nocturna de la
capital. Al despertar recordaron cómo se llamaban, dónde conseguirse y se
intercambiaron promesas. En algún momento ella se colocó el sujetador, las
bragas y le dejó la dirección y el número de teléfono del consultorio en un
papel que poseía el logotipo del hotel Merey.
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