EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.20


Había nacido en Tenerife, una isla frente a la costa de África, de una madre francesa que enseñaba a cocinar a señoritas de buenas familias y de un padre que trabajaba en el Ministerio de Hacienda desde que cumplió los dieciocho años porque no quiso emigrar como todos sus amigos, quizás por esa historia familiar se había dedicado a estudiar filosofía. Muchos pensaron que era un joven inteligente, que sería abogado o médico, pero al final descubrieron que era un estólido consumado, porque iba a estudiar filosofía, una profesión de vagos y parásitos como recalcó entre risas el dueño del bar donde los domingos acompañaba a su padre a ver los partidos del Real Madrid. Leonardo, se aventuraba a pensar los paradigmas que permitían los errores históricos, a replantearse incognitas olvidadas: ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿tenemos alma?, ¿qué es la felicidad? Pensaba que estos cuestionamientos tenían un vicio de fondo y es que estaban mal formuladas las preguntas, por lo que era casi imposible hallar una respuesta. Si bien nació en una isla no sabía nadar, por eso estudió en la Universidad Complutense de Madrid, en medio de España, sin mar ni ríos cercanos, como salida a lo evidente. Terminó sus estudios con una tesina sobre Wittgenstein, en la que proponía la posibilidad de una moral objetiva lingüística que se pudiera describir dentro de algunos teoremas dentro de la semiótica trascendental de Karl-Otto Apel. Luego de una defensa casi absurda donde el jurado hablaba de racionalidad voluntaria y Leonardo de voluntad racional, un profesor le dijo acerca de una opción para estudiar en Japón, lejos de todas las conversiones del pensamiento occidental y que le podía ayudar a ver el mundo desde otras perspectivas idiomáticas, desde una vacuidad particular que estaba insinuada en los textos de filósofos nipones como los de Nishida Kitaro, Tanabe Hajime, Nishitani Kenji y tener así una real Weltangschauung, apartándose así de todo pathos cristiano, de dualidades platónicas, de jolgorio futbolístico, en otras palabras: lejos de España. Leonardo no lo pensó mucho, llegó a Kioto con una caja de libros y unos paquetes de Ducados junto con una carta del profesor Aoki Yoshitaka donde lo aceptaba y lo postulaba a los estudios superiores de filosofía en la Universidad de Kioto. Aoki Yoshitaka era un profesor especializado en Filosofía del Lenguaje y catedrático de Filosofía Griega y de esta combinación había producido más de una docena de libros. Leonardo había realizado un ensayos sobre Habermas y los enredos del concepto de Ereignis en ciertos niveles de comunicación, este ensayo presentado para su postulación de posgrado agradado al profesor japonés, de ahí los entusiasmos y los miedos que se presentaron en el primer encuentro. Desde que comenzó a trabajar con Aoki, Leonardo nunca pudo leer a Nishida, ni a Tanabe, ni a Nishitani.

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