EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.23
Giovanni había terminado sus
estudios y en pocas semanas se iría a Japón. Pasaba sus últimas tardes en
Venecia en un café que estaba justo en la entrada del pasaje Cannaregio, un punto estratégico para la
entrada al ghetto veneciano. Desde
una silla forrada de lienzo azul, Giovanni
miraba las aguas del Marcuola que durante varios siglos mantuvo al pueblo judío
separado del veneciano. Mientras bebía un café amargo, vio a muchos hombres con
su kipá entrando y saliendo por el
callejón. Sabía que pagaban una módica suma por entrar a un lugar, vestirse
apropiadamente y rezar en conjunto alabanzas a un Dios sin formas. Aunque había
vivido mucho tiempo en Venecia, ese era su lugar favorito, se sentía invisible,
quizás porque sólo era perturbado esporádicamente por judíos, las otras
religiones se concentraban por la plaza San Marcos y en los lugares de comida
rápida turca; en esos espacios era imposible tomarse un café con calma, todos tienen
cámara, todos buscan miradas. Mientras saboreaba quizás uno de los últimos cafés
en ese lugar antes de su partida, sintió los rayos del sol de un atardecer
incierto, pensado si el haber empezado a tomar estrógenos con la idea de
amanecer un día con unos verídicos senos, había sido su mejor decisión.
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