EL BOSQUE DE LOS MENTIROSOS (UN PEDAZO DE NOVELA QUE NADIE LEE) 1.29


Marta Valentina logró salir de su pueblo cerca del Páramo de las Papas, no sólo siendo la mejor estudiante del pequeño colegio que allí había, sino también porque ahorró dinero haciendo tatuajes a varios guerrilleros que transitaban por el zona. Sus habilidades para el dibujo y la ayuda de varias personas, especialmente del sacerdote del pueblo de La Vega, le permitieron estudiar una licenciatura en educación básica con énfasis en eduación artística en la Universidad del Cauca. Ya viviendo en Popayán, entre sus calles de casas blancas con dos plantas, alejada del tatuar a guerrilleros una forma humana la empezaba a envolver; un domingo tuvo que regresar de emergencia a su pueblo, cuando sus cuatro hermanos murieron el mismo día por una incursión de la guerrilla allí. Fue en un fin de semana, se realizaba un campeonato de fútbol entre los habitantes del páramo, donde participaban sus hermanos; en el segundo tiempo fue anulado un gol, de repente entraron cincuenta guerrilleros armados al campo del pueblo con sus rostros envueltos en pañoletas donde sólo relucían siglas que todos conocían y temían. Los veintidós jugadores, todos de los pueblos que circundan los páramos así como el árbitros que vivía en San Sebastian, fueron colocados en una fila, y uno a uno fueron desollados; sus pieles y carnes y trozos humanos fueron acumulados o dispersados por el campo de fútbol, algunos cúmulos fueron quemados, otros invadidos por perros hambrientos, todo se revolvió, tres tuvieron suerte porque fueron fusilados por las antiquísimas razones que sostienen cualquier fusilamiento: la seguridad y las deudas y sus cuerpos estuvieron completos para el entierro. Los espectadores no pudieron gritar, ni llorar, solo excavaron con sus manos, con sus uñas para los entierros de las partes humanas, de las cabezas impregnada de sangre, de brazos y piernas que no hacían ya ninguna función sensanta; la guerrilla no permitió uso de palas o picos porque podía generar discordias entre ellos y los sobrevivientes que apenas respiraban para no llamar la atención. Marta Valentina regresó a su pueblo luego de saber la noticia, tuvo que regresar a sus origines para cuidar a sus padres fundadores de tragedia, y por un favor especial de alguien a quien tatuó, obtuvo una plaza de maestra en un pueblo cercano al de sus padres, con su mísero sueldo lograba arrancarles una leve sonrisa a sus progenitores. A la muerte de estos, apenas un año después por la tristeza que los embargó, regresó a Popayán para reconstituirse en otra persona. Trabajando en un colegio como profesora interina cerca del parque Caldas, vio un anuncio de becas para docentes en ejercicio en el extranjero. Decidió concursar. No tenía familia, ni amigos, ni amores, estaba vagando como una botella vacía en un mar de sentidos, sin ningún mensaje.

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